En una región conocida por el cacao, Juan y Lucía están demostrando que Bolivia tiene mucho más que ofrecer al mundo del café de especialidad. Finca Paraíso es el resultado de años de esfuerzo, curiosidad y una filosofía de vida que lo impregna todo: el Vivir Bien, un concepto heredado de los pueblos indígenas locales que habla de prosperar en armonía con la comunidad y la naturaleza.
Juan llegó al café desde la raíz. Criado en una familia cafetalera del Alto Beni, pasó más de una década trabajando en Agricafe, donde se formó en beneficio húmedo, laboratorio, control de calidad, tueste y exportación. Esa experiencia, evaluando lotes de pequeños productores, afinando su paladar, es hoy la columna vertebral de la calidad de Finca Paraíso.
Lucía comparte esa misma filosofía de mejora continua. "Siempre que cambiamos algo respecto al año anterior, estamos impacientes por ver cómo quedará el café", explica. "Ver nuestra creatividad reflejada en los resultados es lo que nos motiva." Aunque cada uno gestiona su propio lote, Juan el Catuai, Lucía el Java, ambos insisten en que todo ha sido trabajo compartido desde el primer día.
La finca destaca por su meticulosidad: semilleros perfectamente ordenados, maquinaria impecable y un almacenamiento cuidado al detalle. Juan nunca recibió formación formal; aprendió observando, experimentando y preguntándose constantemente cómo mejorar. Esa misma curiosidad se traduce en taza.