Albino Ibias y su familia residen en el pequeño pueblo de Acconcharcas, un sector situado en lo profundo del valle de Incahuasi. Albino es un profesional de la agroforestería según las tradiciones incas, y su cuidadoso proceso de recolección y preparación está guiado por su hijo Saulo, catador Q Grader y responsable de control de calidad de la cooperativa.
Históricamente, la falta de infraestructura en el sector de Acconcharcas dificultaba la producción de café de calidad: transportar el café hasta el pueblo asfaltado más cercano suponía tres días a caballo, lo que hacía el cultivo poco rentable, por lo que durante años se priorizó la producción de cochinilla frente al café. En los últimos años, gracias a una mejor gestión de calidad, al feedback recibido y a mejores precios, Albino ha aumentado su producción de café, expandiendo su finca hacia el bosque de sombra de mayor altitud.
La Gesha Inca es el nombre local de la SL9, una variedad heirloom de origen etíope que lleva décadas mutando en la zona. Durante mucho tiempo fue una variedad desatendida por su bajo rendimiento, pero con una gestión de calidad más experimentada, Albino está plantando cada vez más ejemplares a mayor altitud, con resultados excelentes y beneficios que repercuten en toda la comunidad.
Los métodos de agroforestería se comparten entre los productores de la Cooperativa Incahuasi, que además pone a disposición de los agricultores agrónomos de campo y apoyo en el uso de compost orgánico y fertilización, dos veces al año, coincidiendo con la floración y la maduración de la cereza. El deshierbe y la poda se realizan después de la temporada de lluvias, entre mayo y agosto, mientras que durante la estación seca de la cosecha, de septiembre a diciembre, se recurre al riego mediante los numerosos manantiales de la zona. La mayoría de los productores separan sus cultivos de café del resto de su producción agrícola, plantando árboles de sombra, en su mayoría especies autóctonas como cedro, tarco, roble y yanay, entre las plantas de café, lo que ayuda a preservar el ecosistema y las poblaciones de insectos locales.
Los miembros de la cooperativa comparten la misma herencia y cultura inca, y aún hoy practican la Minka, el trabajo compartido en infraestructuras comunitarias, y el Ayni, la colaboración diaria entre agricultores, prácticas que perfeccionan el oficio de generación en generación. La cosecha en el valle de Incahuasi es, además, la más tardía de todo Perú, debido a su altitud extrema y a su clima aislado en el suroeste de Cusco: comienza en septiembre, alcanza su punto álgido en octubre, y en las parcelas de mayor altitud se sigue recolectando en noviembre, con las últimas recogidas en diciembre.